Omoide Yokocho

Omoide Yokocho

Junto a la estación de Shinjuku, a pocos metros de la salida Oeste, encontramos los restos Omoide Yokocho, una calle que una vez hirvió con la actividad de miles de pequeñísimos restaurantes que daban de comer y beber a cualquiera que fuese a la estación o hubiese perdido el tren de vuelta a casa. Seguramente la inspiración de la escena donde Harrison Ford comía una sopa de fideos en Blade Runner, hoy cuenta con apenas 200m pero sigue siendo un lugar que hay que visitar.

Una de las maravillas de Tokyo es la velocidad a la que evoluciona todo, pero a cambio de nuevas maravillas, a veces se pierden las antiguas. Ese es el triste destino al que parece destinada esta calle.

Pero saltemos atrás en el tiempo y veamos como comenzó todo. A finales de la segunda guerra mundial, Japón no se encontraba en su mejor momento, mucha gente vivía en la pobreza y aparecieron gran cantidad de mercados en los que se iniciaban numerosos negocios y en los que por supuesto, la gente comía. Al principio vendían lo que podían, con lo que encontraban preparaban potajes y diversas comidas básicas.

Poco a poco la situación mejoró y estos mercados comenzaron a perder importancia. Eran lugares sucios y a medida que la economía ser recuperaba, la gente quería mejores lugares donde comprar y comer e incluso descubrir nuevas cocinas, sobretodo la italiana y la francesa. Finalmente aparecieron los grandes centros comerciales, los rascacielos y se formó el Tokyo moderno donde no es posible imaginar una ciudad como lo fue hace poco más de 60 años atrás.

Omoide Yokocho se salvó ya que está situada junto a la importante estación de Shinjuku, y llegó a ser muy popular sobretodo por los estudiantes ya que ofrecía buena comida y bebida a buen precio. Pero no solo se acercaban por el precio, sino por el ambiente. En Shinjuku siempre a habido un aire festivo, de gran actividad nocturna, como por ejemplo la zona de Kabukicho, llena de bares y prostíbulos, donde solían estar los yakuzas pero también cualquier otro tipo de persona. Por ejemplo, muy cerca encontramos Boruga, que todavía existe y cuyo nombre deriva de la deformación japonesa del nombre del río Volga. Este restaurante ofrece una variedad de pinchos, y es donde se reunían los estudiantes con ideas comunistas para hablar y donde solían cantar canciones en ruso.

El caso es que los platos fueron mejorando, pero las instalaciones en las que se encontraban los pequeños restaurantes no lo hicieron. Son casas de madera, en general de no muy buena calidad. Algunas cayeron por culpa de los terremotos. Otras se incendiaron y al estar las unas tan cerca de las otras, el fuego saltaba entre ellas causando grandes estragos. Finalmente, hay que pensar que son locales muy pequeños, en algunos a penas caben cuatro personas, por lo que no son muy rentables.

Hoy en día no queda más que una muestra de lo que en su día fue, y estando tan cerca de la estación más transitada de Tokyo, el terreno es de gran interés. Hace años que existe el proyecto de demolición y reforma, y aunque no había sido posible ya que era necesario poner de acuerdo a un gran número de propietarios, parece ser que finalmente han llegado a un acuerdo y pronto desaparecerá. Es una lástima ya que es un lugar muy especial que ya no se podrá encontrar en ningún otro lugar. Hay un contra-proyecto que intenta defender esta callejuela por su interés cultural, pero es posible que lleguen tarde.

Si decidís acercaros, lo que encontrareis es una callejuela muy estrecha en la que a penas caben dos personas una al lado de la otra, es oscura, pero está iluminada por preciosos farolillos. La calle está llena de locales muy pequeños que tienen las ollas y las parrillas junto a la calle, humeando y alimentado ese ambiente mágico. Descubriremos una gran variedad de olores que nos harán imaginar las delicias que nos estamos perdiendo y el calor nos hará desear una bebida bien fresquita, como una cerveza, que por cierto no combina nada mal con la comida. Y la comida, pues podemos encontrar pinchos, ramen e incluso sushi, todo ello de muy buena calidad y de intenso sabor.

Omoide Yokocho significa “camino de los recuerdos” y puede que más que un nombre sea su profecía, pero mientras exista, si tenéis la oportunidad, acercaos, vale la pena.

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