Malakoff

Estoy preparando un artículo sobre la importancia de una correcta alimentación, pero me temo que esta receta entrará en la sección “concesiones y excepciones”. Esta receta por su alto contenido de grasa por gramo garantiza lo sabrosa que resulta, aunque para las mentes que se sientan culpables, los malakoff son una excelente acompañamiento para cualquier ensalada.

Pero vayamos al tema. Malakoff es una receta tradicional suiza, aunque existen gran variedad de formas de prepararla. Básicamente consiste en queso cortado en forma de bastoncillo o láminas rebozadas, que al ser frito queda crujientes por fuera y fundido en el interior, una especie de mini fondue en bocados individuales y totalmente deliciosos. La preparación es muy sencilla.


Ingredientes:

– Un buen trozo de queso no poroso y que se funda, como el Gruyère o Comté.
– Una botella de vino blanco, yo utilicé Bach Extrísimo, semi dulce y barato, pero no está mal.
– 200 grs de harina
– 150 ml de leche
– 2 huevos
– Una pizca de sal

Primero hay que cortar el queso en la forma deseada, deshaciéndonos en primer lugar de la costra, aunque para la foto lo he hecho al revés.

A continuación dejamos el queso marinando en parte del vino al menos una hora, aunque cuanto más tiempo lo dejemos, mejor. El queso absorberá parte del vino y además de darle cierto toque especial, hará que se derrita más facilmente.

Preparada esta primera parte, haremos la masa. Mezclaremos el harina, 300 ml de vino, la leche, los huevos y la pizca de sal de forma que no queden grumos y dejaremos reposar la mezcla en la nevera mientras el queso acaba de marinarse. La consistencia debería ser espesa pero no muy pesada. Esto es algo personal y tendremos que intentarlo un par de veces hasta descubrir nuestro punto favorito.

Una vez transcurrido el tiempo de marinado, pasaremos el queso por harina para que la mezcla que hemos preparado antes se impregne bien.
A la vez ponemos en una sarten una buena cantidad de aceite de oliva y lo ponemos a fuego fuerte.

Cuando el aceite esté listo, impregnamos de la mezcla el queso, pieza a pieza y lo ponemos a freir. El tiempo que debe estar en el fuego debe ser el mínimo posible ya que no queremos que absorba mucho aceite. Solo debemos esperar a que el rebozado adquiera un tono agradable y ya lo podemos retirar.

Al retirar el queso, puede sorprender que la textura siga siendo dura y es que la corteza se forma muy rápidamente, pero al primer bocado nos daremos cuenta que el queso, gracias al macerado en el alcohol, se ha derretido completamente.

Un plato ideal para las fiestas, aunque hay que tener en cuenta que debe presentarse todavía caliente.

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